Villanovense 0 - Barça 0 (Ida 1/16 Final Copa del Rey) (28-10-2015)


Lo peor no fue el empate sino el aburrimiento

El campeón debuta con un equipo de circunstancias que dominó sin alegría al Villanovense

El estreno del campeón en la Copa se revistió de una especial atmósfera en el modesto estadio Romero Cuerda de Villanueva de la Serena, ampliado con gradas metálicas para la ocasión. El Villanovense resistió en el partido de su vida contra un Barça forjado con los que menos juegan que aburrió soberanamente con un fútbol insípido y sin la menor chispa arriba. El empate satisfizo a la afición local y dejó dudas en algunos jugadores de Luis Enrique sobre si son capaces de ir un poco más allá de vivir a la sombra de las estrellas.

Con gritos de “¡sí se puede! ¡sí se puede! despidió la abarrotada grada al Villanovense al llegar al descanso con empate a cero goles. Podrían hacerse de lo ocurrido tantas lecturas como planteamientos y expectativas, incluso emocionales pues mientras el partido estuvo por decidirse el factor ambiental casi pesó más en el Villanovense que su propia condición técnica y táctica.

La iniciativa corrió de parte del Barça como no podía ser de otro modo pero bastaron un par de corners y dos ocasiones, una por cierto que lamió el larguero de la portería de Masip, para dar la sensación de más peligro, decisión y oportunidades de parte del bando local. Ambas consecuencia de arrebatos atacantes aislados y acompañados de una auténtica locura en las gradas.

Por eso el Barça, experimental y confeccionado a base de retales del banquillo y piezas del filial, se limitó a no arriesgar demasiado en las zonas críticas de su juego de construcción, pues el césped se levantaba inevitablemente y cualquier error podía provocar una estampida del Villanovense.

Un equipo cauto y vigilante donde destacaron las ganas de Komptum, los detalles de Gumbau como chutar desde fuera del área contra todas las doctrinas de la heterodoxia radical barcelonista, y la reaparición de Vermaelen, al menos una buena noticia.

Por el contrario también se echaron de menos un mayor liderazgo de Sergi Samper, o menos intermitencia, más chispa y continuidad en Sandro y Munir y desde luego esa evolución de Douglas, aún pendiente. En su contra jugaron también factores inequívocamente objetivos, el principal la falta de un ritmo más alto y sincronizado de juego colectivo, producto de una alineación de circunstancias y falta de rodaje.

La intensidad excesiva, desbordada y peligrosa a veces de un rival jugando en el partido de su vida siempre complica las cosas y el Villanovense no fue una excepción.

Todo lo cual no podía excusar que el Barça no chutase a puerta en condiciones hasta el minuto 65, cuando lo hizo tímidamente Munir, como resultado de un rendimiento en general por debajo de lo previsto y de lo exigido por falta sobre todo de verticalidad. Poca clarividencia en la creación y nula conexión a la hora de pisar el área.

En el tramo final, cuando debían influir los cambios, el partido entró en una fase interesante de debate en uno y otro equipo. El Villanovense sabía que para ganar era el momento de dar un paso adelante pero también de riesgo si se descubría ante un rival que, por orgullo e imagen, no podía conformarse con un empate.

Luis Enrique abrió la banda izquierda con Aitor, contra Kaptoum que estaba marcando alguna diferencia, decidido a llevarse la victoria. Con un mini-tridente con Sandro y Munir y la responsabilidad colectiva de estar a la altura encaró el Barça los últimos diez minutos, que fueron un compendio o una extensión de un equipo previsible e incapaz de trasmitir por lo menos emotividad.

A lo más que llegó fue a encerrar al Villanovense, agotado, y a consumar un cabezazo de Bartra que salvó el portero en el 86.

Crónica publicada por Francesc Perearnau, MD.com









































Fuente fotos: www.mundodeportivo.com, www.laopiniondemalaga.es y www.marca.com
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