2-1: La mala suerte y la polémica frustran a un buen Barça ante la Real
El fútbol es caprichoso, se sabía, pero en ocasiones se excede. Lo vivido ante la Real será difícil que vuelva a suceder. Al Barça y a cualquier otro equipo. El Barça podría estar jugando cinco lustros este encuentro y acabaría perdiendo siempre. El destino y el infortunio. Incompresible y surrealista. El tópico lo dice todo: cuando el balón no quiere entrar. Tanto esfuerzo para nada. La derrota permite al Real Madrid acercarse. Hasta en eso.
Aunque el convulsionado Real Madrid había recortado distancia el día anterior y el recuerdo de la derrota de la temporada pasada figuraba en el panel de la estadísticas, el partido ante la Real pintaba bien. El inicio de año había traído un Clásico, un título, una ronda más de Copa y, sobre todo, el convencimiento de un Barça seguro de sí mismo y de su juego. La carga ambiental, como siempre tronando con fuerza en el norte, no desconcertó las ansias culés de hacer algo grande.
Por precaución, Raphinha se quedó en casa por un golpe y su puesto lo ocupó Olmo, con Fermín en la mediapunta. En eso Flick es constante y, de cuando en cuando, realiza experimentos aprovechando la polivalencia de la plantilla. Un once de lujo, el más brillante, de todas formas.
Y la puesta en escena tuvo un inicio ajetreado. A la Real Sociedad le anularon un gol en fuera de juega, un centro de Guedes rematado por Oyarzabal, y, de inmediato, una internada de Lamine la solventó Pedri con un doble remate que hizo lucirse a Remiro. La intensidad se tradujo en un nuevo gol anulado, esta vez del Barça por un pisotón de Olmo a Kubo que facilitó el gol de Fermín. La revisión del VAR fue incontestable. Estaba Del Cerro Grande, el mismo del tanto por un dedo anulado a Lewandowski hace un año.
El Barça ni se inmutó. Cómodo, presionando con buen talante físico, dominador y con recursos ofensivos, el equipo azulgrana se empleó de nuevo a fondo dedicándose a buscar el gol. Más que convencido. Incluso Olmo se aventuró en una galopada y un chut.
Lamine Yamal se convirtió en el termómetro del Barça. Actuó con exquisitez y peligro, liderando el ataque. Regaló a Anoeta un jugadón regateando a cuantos rivales se cruzaban en su camino. Lástima que no el equipo no le dio continuidad. Los de Flick no dejaban de amenazar. A un De Jong muy técnico le invalidaron otro tanto por fuera de juego. Olmo se apuntó a la fiesta sin suerte. Era una apisonadora que la Real no sabía cómo frenar. De cuando en cuando, Guedes trataba de no frustrarse inventándose acciones que Joan Garcia resolvía.
Y de nuevo, gol de Barça, y de nuevo anulado por fuera de juego de Lamine Yamal milímetros. Flick no daba crédito al ver la imagen repetida en el marcador. Otro ‘Lewamdowski’. El tercero en media hora. En el banquillo azulgrana no daba crédito. De tanto madurar, el gol debía caer, sin duda. La cuestión era cómo y cuándo, mientras la Real trataba de evitar el hundimiento.
Y cosas del fútbol, en una aproximación esporádica, en un centro desde la derecha, Oyarzábal empalmaba avanzando a la Real en el marcador. ¡Qué cosas! El equipo que practicaba mejor juego, que más ocasiones creaba, que más marcaba, aunque en ‘orsay’, iba por detrás. Quedaba mucho partido y tocaba remontada.
Tan responsabilizado como luchador, Lamine se echó al equipo a la espalda buscando espacios. El Barça seguía a los suyo. No quitaba el pie del acelerador. Sólo faltaba rematar. El canterano picaba piedra. Y mucho. En una Remiro despejó un balón enroscado y en la segunda, forzando un penalti que también acabó invalidado por fuera de juego. Era increíble.
El relato de la segunda parte era calcado. Barça dominador, generando ocasiones. En los primeros minutos de la reanudación, dos ocasiones de Olmo, una golpeó al palo y la otra Remiro la detuvo. Después, disparo de Ferran Torres. Y vuelta presionar. Era ya una cuestión de amor propio.
Viendo el cansancio, Flick realizaba tres cambios de peso. Eran superiores y había que darle continuidad. Dio entrada a Cancelo, a Lewandowski, que remató de cabeza al palo, y Rashford, que logró el empate de cabeza, con una asistencia de Lamine. La alegría duró un minuto, el tiempo que le dio a Guedes para volver a avanzar ala Real. Al Barça le costó un mundo empatar. A la Real, nada.
Los de Flick quedaron tocados pero vivos. Y, una vez más, otro remate de Koundé al larguero. Con el cansancio metido en el cuerpo, el Barça llegó al descuento intentándolo.
Crónica publicada por Gabriel Sans, MD.comFuente fotos: www.mundodeportivo.com















































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